lunes, 8 de junio de 2026

Heridas que aprendieron a hablar

Noche de heridas 
repleta de...
 expectativas no cumplidas
y del pasado que se abre
sin que pueda contenerlo,
porque cuando queda
un cabo suelto
en el circuito cerebral
de los recuerdos,
una bomba podría estallar
sin piedad.

Un pequeño acto
tuyo...
que al ser pequeño,
parecía no importar
pero que me trajo de vuelta
a mi versión pequeña
que solo quería a su papá
sin celulares ni asuntos familiares
que él debía responder
mas no en el tiempo,
poco, que ya me daba.

Íbamos a ver la película
que tanto...
ama mi corazón
y que presiento que algo
nos iba a mostrar de nosotros,
pero el pequeño acto tuyo
impidió que pueda valorar
pleno ese momento
y en lugar de llorar y reclamar,
solo te pedí que te fueras,
pero luego,
ya a unas cuadras de ti,
pude confesar qué sentí.

Esa pequeña pantalla 
que une...
nuestros corazones
y nos ayuda a limar
las pequeñas asperezas,
esta vez también fue puente
para sanar, para no guardar
y para perdonar
por algo que ni siquiera
sabías que habías hecho,
esa noche noté que 
ya no eras el mismo
y que bien.

La noche fue helada
y aunque...
sueles soportar mejor el frio,
por el mal sueño y aquello
despertaste muy descompuesto
y yo en mi estrés y apuro,
ni siquiera vi la magnitud
de tu malestar
y solo te presioné a correr más
y seguir mi rutina,
pero te notaba distinto
en tu caminar y mirar
y por suerte pudiste
tu corazón dejar hablar.

No fueron quejas,
fue...
tu incomodidad y tristeza
al ver que hace unos días
tu me cuidabas de forma
excepcional y mágica
y cuando tú lo necesitabas
yo simplemente estaba
acelerada y sin preocupación
más que en hacerme tarde,
dejé dos buses pasar
para seguir escuchándote
aunque no querías que lo hiciera,
y pude entenderte y disculparme,
pude abrazarte y prometerte
que no volveré a ignorar 
cómo estás
y tus ojos volvieron a confiar.

En menos de doce horas
sentí que la cuerda
tembló de una manera
que me asustó y sorprendió:
la primera tu jalón,
la segunda el mio,
ambos sin querer
pero con mucho que mostrar;
por segundos sentí que se rompía,
pero con todo lo experimentado,
me demostró
lo fuerte que está el lazo
que nos une.

Esas vivencias se irradiaron
como torbellinos en mi mente
y no dejaron de girar
hasta empaparme
con un gélido abrazo 
que me dejó 
inmersa en la nada
rodeada de frio
que me anudó la garganta
y en búsqueda de sol.

Hasta que una dulce voz
puso en canto mi amor real,
al fin pude encontrar el mensaje
que grita mi alma
y me inspiró a cambiar
aun más por ambos,
por esta nueva oportunidad
que estoy segura
es la real.

En silencio como mantra
susurré en mi:
"Debo mantener vivo
este fuego sagrado que es
de ambos, yo resguardo
porque es mi esencia,
mientras tú construyes
el mundo en el que
nos toca vivir"

Y con tanto amor
las coincidencias,
que en realidad son señales
de que avanzamos,
nos mostraron una vez más
que estamos conectados 
desde siempre
y que solo esperamos
a madurar.

Entre la niebla del no fue
y del qué será, perdimos años
y justo cuando más peso les ponía,
mi hamaca rompió el lazo
que la unía a su arnés de seguridad
y caí sin piedad al suelo,
mientras nuestra canción sonaba
fuerte y claro en el celular
que nunca solté de mi mano.

Y con este juramento
vivo y ya 
no sobrevivo
y aunque parezca irónico,
de la misma forma
en la que se alinearon
mis vértebras,
se alineó
cada aspecto sutil
que me acompaña.