del chat con tu número
de Canadá,
"Esa persona pensó en mi y me hizo un gesto"
suena en el audio que encontré más arriba
y recordé que cada vez que viaje
mientras le compro souvenirs a los que amo,
siempre te apareces en mis pensamientos
y justo aparece un ítem único
que grita tu nombre
y me pide venir conmigo.
No los he comprado
porque sería reforzar
la idea de coincidir
en algún momento,
pero que bella película
se hace en mi mente
cuando pienso
encontrarte luego de un tiempo
y saltar a tus brazos abrazándote,
para luego sacar de mi bolso
miles de aparatejos
que atesoré para ti
en el tiempo que no nos vemos.
Eres la persona a la que más
me encantaba regalar:
dibujos, poemas y objetos
y es curioso que a eso se sumó
que también amaba
regalarle cosas
a tu abuela y a tu mamá.
Y otra vez vuelvo a llorar,
el frío es cada vez peor
y ni la estufa me abriga,
pienso una vez más
en Ella,
pero también en
Teresa,
en cómo está,
en cómo procesó
la partida de su hija.
No puedo dejar de llorar
al imaginar
cuánto le pudo haber dolido,
despedirse de aquella
a la que vivió nacer
y un 30 de enero
tuvo que dejarla ir
hacia la trascendencia.
Me preguntó con
mi mente acelerada,
cómo está ella,
quién se hará cargo
ahora que tu mamá no está,
y quien la acompaña
en su día a día,
como compañera de vida
y de ancianidad.
Me da aún más escalofríos
suponer que se pudo enfermar
o incluso fallecer
de tanta tristeza,
pero evito esa idea
y traigo a mi mente
recuerdos bellos con ella.
La forma en la que me atendía
y se esmeraba por
hacerme sentir en casa,
por hacerme notar que era
bienvenida y aveltada
en un clan familiar
completamente matriarcal,
pero no de esos que someten
sino de los que educan
con amor.
Otra vez surge el sentimiento,
cuánto anhelaba formar parte
de ese que era tu hogar,
no por la casa o los vienes,
ni siquiera por el origen ancestral,
sino por la ternura y bondad
de esos ojos preciosos
que me hacían sentir
en mi hogar.
Ambas en el poco tiempo
me demostraron que era querida,
me invitaron su comida
y me mostraron su corazón,
me abrieron las puertas de su casa,
de la antigua y la nueva
y por un segundo
nuestros ancestros
se abrazaron en
mi imaginación,
como en esa tradición china
que vimos en Mulan,
de juntar las reliquias familiares
para unir lazos espirituales
de ambas partes de una pareja.
Nunca fuimos novios
pero en mi mente lo fuimos todo,
nunca te pude presentar
más que como un amigo
y no tienes idea
de cuánto pesaba eso,
pero no se podía más,
lo respetaba, pero dolía,
pero con ellas era distinto,
era como si supieran
que éramos novio y novia
sin decírselos,
sin necesidad de títulos,
sin necesidad de etiquetas.
Tu ascendencia china
era difícil de encontrar,
pero cuando estabas feliz
o cansado,
tus ojos se estiraban tanto,
que si lograba ver
tu ascendencia oriental.
Los pacientes conspiran
para que yo pueda
expandir mi dolor
Y llevarlo a versos
tristes
cargados de
emoción.
Encontré el audio,
de cuando ellas
abren mis regalos
y lo agradecidas
y felices que están,
cada uno con su ítem
casi sagrado.
No era una llamada,
era un audio
y lo guarde en mis favoritos,
porque así
A puedo escuchar su voz
cuando la recuerde
o cuando te extrañe.
Estoy llorando a mares,
y no quisiera que nadie
se atreva a abrir esa puerta,
porque la imagen
de la psicóloga
llorando en el escritorio
no es una digna
de mostrar aquí.
Pero como duele
recordar a tu madre
cuando está mucho mejor
y pensar que meses,
solo meses después
se deteriora tanto
hasta fallecer.
No puedo dejar de pensar
en cuanto dolor físico sintió,
en cómo cambió su rostro,
en lo triste que pudo estar
y en cómo las quimios
la pudiesen abrumar.
Dolor al renegar
ante la imposibilidad
de no haber estado ahí
para ustedes,
por culpa de nuestros líos
de niños sensibles
que no se podían de acuerdo
sobre la forma de cómo jugar.
Porque el amor
a veces es un juego,
donde se puede perder o ganar
y nosotros perdimos
porque dejamos el juego
a medio jugar
porque sentíamos que
no podíamos ganar,
pero ¿hará sido real?,
quizá solo fue una mentira
que nos contamos
para evitar el esfuerzo
de aprender a amar.
No fuimos error,
fuimos posibilidad.
Un universo que asomó apenas,
lo suficiente
para saber
que no era hogar.
Te amé en lo que eras,
pero no en lo que construías
porque no me es afín
y aceptarlo me sana
y me libera, pues
Yo…
no nací para perderme
en un paraíso sensorial,
nací para encender
mi vida entera
y el alma de los demás.
Que tu vida sea clara,
como la mañana tras la tormenta,
y que el amor que compartimos
permanezca en silencio,
dulce y eterno,
como un abrazo que no necesita manos,
solo corazón.