viernes, 27 de marzo de 2026

Ascendencia china

 "Esa persona pensó en mi y me hizo un gesto"

suena en el audio que encontré más arriba

y recordé que cada vez que viaje

mientras le compro souvenirs a los que amo,

siempre te apareces en mis pensamientos 

y justo aparece un ítem único

que grita tu nombre

y me pide venir conmigo.


No los he comprado

porque sería reforzar

la idea de coincidir 

en algún momento,

pero que bella película

se hace en mi mente

cuando pienso

encontrarte luego de un tiempo

y saltar a tus brazos abrazándote,

para luego sacar de mi bolso

miles de aparatejos

que atesoré para ti

en el tiempo que no nos vemos.


Eres la persona a la que más

me encantaba regalar:

dibujos, poemas y objetos 

y es curioso que a eso se sumó

que también amaba

regalarle cosas

a tu abuela y a tu mamá.


Y otra vez vuelvo a llorar,

el frío es cada vez peor

y ni la estufa me abriga,

pienso una vez más

en Ella,

pero también en 

Teresa,

en cómo está,

en cómo procesó

la partida de su hija.


No puedo dejar de llorar

al imaginar

cuánto le pudo haber dolido,

despedirse de aquella

a la que vivió nacer

y un 30 de enero

tuvo que dejarla ir

hacia la trascendencia.


Me preguntó con

mi mente acelerada,

cómo está ella,

quién se hará cargo

ahora que tu mamá no está,

y quien la acompaña

en su día a día,

como compañera de vida

y de ancianidad.


Me da aún más escalofríos

suponer que se pudo enfermar

o incluso fallecer

de tanta tristeza,

pero evito esa idea

y traigo a mi mente

recuerdos bellos con ella.


La forma en la que me atendía

y se esmeraba por 

hacerme sentir en casa,

por hacerme notar que era

bienvenida y aveltada

en un clan familiar

completamente matriarcal,

pero no de esos que someten

sino de los que educan

con amor.


Otra vez surge el sentimiento,

cuánto anhelaba formar parte

de ese que era tu hogar,

no por la casa o los vienes,

ni siquiera por el origen ancestral,

sino por la ternura y bondad

de esos ojos preciosos

que me hacían sentir

en mi hogar.


Ambas en el poco tiempo

me demostraron que era querida,

me invitaron su comida

y me mostraron su corazón,

me abrieron las puertas de su casa,

de la antigua y la nueva

y por un segundo

nuestros ancestros

se abrazaron en 

mi imaginación,

como en esa tradición china

que vimos en Mulan,

de juntar las reliquias familiares

para unir lazos espirituales 

de ambas partes de una pareja.


Nunca fuimos novios

pero en mi mente lo fuimos todo,

nunca te pude presentar

más que como un amigo

y no tienes idea 

de cuánto pesaba eso,

pero no se podía más,

lo respetaba, pero dolía,

pero con ellas era distinto,

era como si supieran

que éramos novio y novia

sin decírselos,

sin necesidad de títulos,

sin necesidad de etiquetas.


Tu ascendencia china

era difícil de encontrar,

pero cuando estabas feliz

o cansado,

tus ojos se estiraban tanto,

que si lograba ver

tu ascendencia oriental.


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