revisando chats viejos y archivados
con la única estúpida necesidad
de encontrar la receta del té de jazmín
que te pregunté en junio del año pasado
y que nunca anote ni preparé,
y digo estúpida porque lo es,
no necesito escuchar ese audio
si puedo buscar en internet
lo que supuestamente deseo encontrar.
Entre emojis drogados,
corazones, dragones y unicornios
me encontré a nuestras
versiones del pasado,
ni siquiera hace un año
y veo tantos cambios en mi
a nivel físico
y me da la curiosidad de saber
cómo estás tú,
como te encuentras
físicamente,
porque vi en ese estado
que tu mano parece distinta
a la que yo recordaba.
Mini regalos, mi agenda
y mis múltiples maletas,
me traen a la mente cuando aún
creíamos estar bien,
pero en el fondo ya nos despedíamos,
y todo era simbólico,
todo era fugaz
y aun así,
todo era perfecto.
Entre la búsqueda me encontré videos calientes,
tuyos y míos,
recuerdos de viajes,
frases y cotidianidad
qué pretendíamos construir
a la distancia y me dolió,
porque ahora todo es recuerdo
y no existirá nunca más,
te veo y oigo en video
y te siento como cerca
mientras pretendo guardar
el poco calor que queda en mi cuerpo
en este otoño que parece invierno.
Recuerdo una llamada,
donde yo te contaba de los regalos
recién abiertos
y tu mamá y tu abuela
escuchaban,
o era al revés,
que yo escuchaba lo que
ellas hablaban,
ya nada es claro,
todo gira en mi cabeza,
el pasado se entremezcla
y me aplasta.
Rememorar nuestro pasado
no me ayuda a soltar, es más,
genera todo lo contrario,
me hace sentir un impulso
de buscarte nuevamente
y abrir de golpe esa puerta cerrada
que quizá en el fondo me obligue
a cerrar.
Rememorar es extraño,
es punzante y cálido,
me hace sentirte en mi pecho
y recordar lo bueno
con anhelos de tocarlo
en medio de mi caos mental,
mientras mi cuerpo grita
“Turrón San Martín”
necesito un bocado,
pero comerlo a tu lado.
En el camino a la dichosa receta,
me encontré videos donde veo y escucho
a tu mamá y se me estrujó el alma,
me volvió a doler y siento
que cada día me va doler más,
es como esos duelos retrasados
que al inicio se sienten como anestesia,
que luego pasa y duele más,
y no es normal,
no es mi duelo,
no es mi madre,
nunca fue mi nada
y duele igual.
El té era tan fácil
de preparar,
ahora se me fue el hambre,
siento hasta náuseas
y un escalofrío me recorre más,
me auto abrazo y me doy cuenta
que nuevamente tengo
ganas de llorar,
quizá una hamaca caliente
en medio de la oscuridad me pueda
ayudar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario