martes, 3 de marzo de 2026

Caer del paracaídas

Escribí un poema bello,
uno que si puedo mostrar
al público al que tanto
quiero conquistar
y en medio hablo de una caída,
casi de muerte de un avión.

Ahí cuento nuestro final,
el momento en el que lo supe,
luego de la semana de desbande
y perdición total a tu lado,
llegó el apocalipsis
de lo que alguna vez
llamamos amor.

Un desenlace anunciado por años
que no me atrevía a mirar,
pero aquella noche frente a ti,
con las lágrimas recorriendo mi rostro
y tú como una piedra sin sentir.

No era por esa tontería,
no era por esa película
que quizá no íbamos a ver,
no era por demorarnos,
era porque una vez más
me demostrabas
que siempre había alguien delante
de mi.

Aquella madrugada
en la que volvimos y me caí,
luego de haber llorado
durante toda la versión real
de mi película de niña favorita,
descubrí la verdad.

Tú no eras para mí
y nos estábamos forzando,
tú a entenderme 
y yo a respetarte,
a tí, a tus tiempos 
y a tus silencios.

Yo lo sabía desde siempre,
lo confirmé en Wakama
cuando me alejaste del mar,
para viajar por carretera
y solo llegar a una simple reunión
que no parecía nada especial
con los que llamabas hermanos
y las últimas veces que te vi,
eran simples conocidos del pasado.

Quizá yo también me volví eso,
un recuerdo borroso
al que le guardas algún
tipo de rencor inconsciente que
quizá siempre estuvo
y fue la razón de las 
múltiples veces
en las que me dejaste llorar
sin abrazarme el alma.

Tal vez soy un nombre
de algo que fue y terminó,
que queda como huella borrosa
y no sabes si realmente existió,
y que en el fondo te genera
incomodidad.

Quizá por eso escapabas
cuando me moría por amarte
y reconstruirte en base
a tus propios pedazos, 
en los cuales yo veía
la maravillosa obra de arte
que pudimos crear.

Pero siempre prefieres
estar en el parque de diversiones
sensoriales y placenteras,
donde divertirse no da más fruto
que anestesia emocional,
y yo, aunque disfruté aquello
por casi una semana en Barranco,
lloré todo el camino
hacia mi lugar seguro
y me dije a mis adentros:
esto me hace mal.

Caer de ese paracaídas
del avión en llamas
de tanta perdición,
en realidad, me salvó, 
pero qué golpe
que me dí.



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