y mi cuerpo tiembla de frío
interno,
intento recordar
cuando fue
la primera vez
que me sentí de este modo.
Y me llega una
imagen mental clara:
mi celular sonando
con el nombre de mi padre
que hoy no quise
contestar,
y ese recuerdo
se entrelaza
a uno repetitivo
que acaba siempre
con el mismo final.
Me alisté en horas
porque él pasaría por mi,
él venía desde Huanta,
obviamente debía demorar
pero la espera
cambio de minutos a horas
y el día acabó
sin señales.
Justo así me sentí
hace cuatro años
cuando el que amaba
me dejó esperando
en un parque por horas
o cuando se demoró tanto
que me hizo ir sola
hasta un lugar que poco
conocía.
Vuelvo a mi infancia
y este recuerdo
de la espera que desespera
a mi niña interna,
¿Cuántas veces
lo habré esperado
hasta dejar de quererlo?
¿Cuántas veces
habré llorado
mirando una y otra vez
desde mi balcón?
con el corazón en la mano
creyendo que le pasó
algo malo,
para que al final fuera
se olvidó o tuvo algo mejorqué hacer que verme.
Hoy me siento igual,el balcón es el chatqué tan bello decoré hace díasy que ahora solome deja más hueca el alma;él no es mi padrepero muchas veces me hacesentir del mismo modo y el frío de mi cuartose siente más.
Hoy me siento igual,el balcón es el chatqué tan bello decoré hace díasy que ahora solome deja más hueca el alma;él no es mi padrepero muchas veces me hacesentir del mismo modo y el frío de mi cuartose siente más.
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