Una vez más,
de nuevo,
la misma sensación
de nuevo,
la misma sensación
inquietante
de preocuparme en vano.
¿Le habrá pasado algo?
¿Lo habrá pensado todo
sobre nosotros y se irá?
¿Le genero más caos que bienestar?
Una voz calmada en mi
susurra profundo
"todo está bien"
pero mi mente rumia
y crecen las ideas malas
y estas se enlazan
con otras más.
"Él solo necesita
su tiempo y espacio
para procesar sus propias
pérdidas" dice firme
y las demás hacen un ruido
chirriante e incómodo
que se desaparece ahogado.
"Soy más que solo
la que espera",
porque mientras mi mente
se reordena,
mis miedos se van diluyendo
con cada verso sincero
que me purifica por dentro.
A veces necesito de
estos diálogos internos
para encontrar el equilibrio
que solo yo puedo darme,
y así evitar pensar
en el dolor ajeno.
Amarme es regularme,
en su momento y en su intensidad,
es escuchar cada voz,
comprenderla, validarla
y calmarla.
Amarme es estar para mí
cuando todo por dentro
se me rompe
y unos fragmentos
se niegan a encajar,
mientras mis manos suaves
los colocan de una manera
en la que puedan simplemente
estar.
Al amarme me regulo
y con eso puedo lograr
al fin conectar con el otro
que tiene sus propias batallas
y que por eso,
no lo dejo de amar.
Al amarme
me hago responsable
de mi propio caos,
que cada vez luce
más armónico y real,
y al amarme
también entiendo
que el que amo,
puede vivir eso y más.
Al amarme dejo de
buscar dentro de un chat
mis posibles errores
y aperturo la ventana
que permitirá
el aire entrar y ventilar,
en mis adentros
sin tanto replicar.
Al amar,
dejo las puertas abiertas
de entrary salir
sin líos ni cadenas,
a todo aquel al que amo,
brindándole también
libertad, sin perder
mi paz.
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