Nunca te conté
las innumerables veces
en las que fantaseé
con forzar mi camino
para que se enlace con el tuyo
y también escribí a muchas
universidades e institutos
que me permitan hacerlo.
Una y mil veces,
sea en Lima o en Montreal
busqué múltiples formas de hacer
que mi destino cambiara de rumbo
y me llevara lo más cerca a ti y
justo hoy otra llamada de Canadá
me lo hizo recordar.
Créeme que si la vida
me lo hubiese dejado,
yo hubiese hecho hasta lo imposible
para estar cerca tuyo,
dejando atrás todo lo que me es seguro
y sin siquiera saber a
que puerto me embarcaba
con el simple hecho de que estés
tú ahí conmigo.
Pero con el tiempo,
pude entender la verdad
y era que tú en el fondo
no buscabas ninguna manera
de estar juntos de verdad,
solo eran fantasías o promesas
sin sentido y sin base
que nunca se iban a hacer realidad.
Esa es una de las cosas que me pesa
y que dejé atrás el día que dejé el paquete
abandonado en Serpost
esperando ser enviado a tu casa,
recuerdo verlo de lejos
como despidiéndome
mientras me alejaba.
Aquel dolor de lo no dicho,
de lo no hecho y de lo malo,
se acumularon en mi garganta
como flema infectada
que hace solo una semana
pude sacar de mi por nebuización,
al fin hace quince días respiré
mientras leía el libro de tu padre
y me acordaba nuevamente de ti.
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