Te veo a lo lejos, y
entre carcajadas y bromas
puedo notar
que cómodo no estás,
aunque finjas sonrisas
aunque parezcas alegre,
no lo estás, lo sé
porque te conozco tan bien.
Son varias escenas
del gordo y el tonto,
el que es el punto
de la risa ajena,
el tipo colorido
que debería caerle bien a todos,
pero que en realidad
parece ser la burla del grupo
y yo estoy segura
que eso no eres
ni debes ser.
Te conozco desde casi niños
te he visto crecer,
sé todas las tonterías que has hecho
y intuyolas que harás
porque eres un alma única
que vibra a su ritmo especial,
pero no eres un bufón
del que los demás
se puedan burlar,
sé que tú
eres más que eso,
tu esencial personal
es brillar.
Simplemente olvidaste cómo,
porque estás atrapado
entre colores y sustancias
que te quitan conciencia
y que te distraen de tu misión,
ya ni siquiera escribes,
seguro que tu cambio
por salud y belleza
también se congeló,
pero, ese cambio es inminente
en tu historia
y aunque ahora que
no te dan ganas de hacerlo,
te vuelves un maniquí
que los demás utilizan.
La cólera me viene encima
y recorre mi cuerpo
con solo ver videos,
y al escuchar esa voz
que conozco
y en quien nunca confié,
la cólera hierve en mi
a la mitad de la noche como
aquella que me acompaña cada vez
que salgo tarde de casa
e inevitablemente llego tarde.
Esa misma cólera que me da
sin ningún sentido
y contra nadie,
me da justo ahora
contra los que dices amigos,
que siento que te ridiculizan
y tú simplemente
lo permites.
Soy naturalmente protectora
y verte en ese rol
fue como quemarme
por dentro
sin saber cómo canalizar
ese fuego
que es la cólera,
pude arder,
pude quemar a otros,
pero simplemente
escribí.
Y mientras escribo,
aún veo toda la escena,
esta sigue girando en mi cabeza
una y otra vez
mientras la luna me mira llena
desde mi ventana
y me pone aún más lunática,
a veces con escribir no basta.
Estoy enojada conmigo
por no advertir suficiente,
por solo haberte hecho sentir
que estaba celosa
de tus nuevos vínculos,
cuando en el fondo
era más intuición sobre ellos
y lo que guardan dentro,
mi ansiedad se entremezcló
con todo aquello
y ni yo misma supe distinguir,
pero algo turbio
realmente había en
esas personas
que ahora consideras
tu tribu.
Estoy enojada también
contigo por descuidarte,
por restarte valor,
por compararte con ellos,
por creer que eres raros
y con los desquiciados
encajas bien,
tu mente es especial
y muy única,
la de ellos,
simplemente es vacía y turbia,
juntarte con ellos está bien
aunque me disguste, pero
dejar que te traten de ese modo,
del modo que no eres
aunque lo tomes
con risa,
eso es denigrarte.
Una persona como tú,
que ha vivido tanto
y que tantas veces ha sido rechazado,
bulleado o utilizado
no merece ser una burla
para encajar en un círculo social,
que cree similar
porque está roto
al igual que tu,
pero como el kitsugi
en ti aún hay oportunidad
de pegar esas piezas y hacer
obras aún más bellas
si es que lo deseas,
en ellos, en cambio
quizá ya no haya gran cosa por hacer
ya que están podridos por dentro
y simplemente te utilizan
de burla,
de audiovisual,
de payaso.
No lo hacen por malos,
en realidad, están rotos
y son peligrosos
porque manejan mucho
caos emocional
que se pegan en quien sea
que los rodea,
lo cual probablemente
se refleja en tu rostro
en algunas fotos que vi
de cosas de salud mental
donde se nota que
ese no es tu lugar.
Tú no perteneces ahí,
dentro tuyo guardas
una magia única y
sin igual
que te hace especial,
pero desperdicias tu luz
queriendo brillar
entre oscuridad pintada
con manchas de neón absurdo,
que solo te distraen
y no te llevan
a ningún lugar
que sea mejor,
que te alejan
más y más
de tu misión.
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