viernes, 5 de diciembre de 2025

Tres llaveros

Te regalé un llavero de dragón en Paracas

con un simolismo increíble

de la fuerza y la grandeza

de ese tu elemental protector,

para que te lo llevaras a Canadá

y te recordaras de mí

en medio del frío de ese lugar

y no se te congelara el corazón,

pero en unos meses de dejar de vernos

desapareciste poco a poco.


Te regalé un llavero para las llaves del carro,

con una bella frase grabada

y al dártelo tus ojos brillaban

como un par de faros brillantes,

te lo di para recordarte que eres valioso

y como alguien valioso deberías velar por ti,

te lo di con la intención de que te cuides

y al final ni siquiera sé si te estás cuidando, pero sé que 

solo descuidaste nuestro amor

hasta que se murió en una noche

bajo la oscuridad sin alumbrado público

en un malecón de Miraflores hace cuatro meses.


Te regalaré un llavero casi infantil,

con un nombre difícil de prronunciar

y que tenía un aspecto divertido,

te lo dí porque al verlo

recordé tu rostro de aquel día en el

que quisiste comprarte uno en el Jockey Plaza

y que yo también quise comprártelo

aunque no te lo dijera,

pero ninguno tenía dinero

en ese preciso momento.


Y este llavero que no esperabas,

es el último regalo,

este último presente con simbolismo

no es una puerta a un te extraño

aunque lo hago a veces,

ni otra súplica de querer volver,

sino un juramento conmigo misma

de soltarte completamente

para que también puedas

crecer a tu propio ritmo,

sin mis tiempos ni presiones.


Hoy mientras metía todo en un sobre

antes de llevarlo a Serpost,

lloré como no lloraba en meses

y aunque si hay dolor de por medio,

era más una sensación de desprenderte

como si al dejar ir esas cosas,

dejara ir lo poco que quedaba de ti.


No sé si usarás esos tres llaveros,

ni siquiera sé si tendrás aun los dos que te di

o si recibirás con alegría o desagrado

este último llavero,

pero más que una expectativa

tengo un sincero deseo

de que esos tres regalos

te acompañen en tu camino

y te hagan sentir la compañía

que quizá alguna vez sentiste conmigo

cuando solías llamarme hogar.

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