Te regalé un llavero de dragón en Paracas
con un simolismo increíble
de la fuerza y la grandeza
de ese tu elemental protector,
para que te lo llevaras a Canadá
y te recordaras de mí
en medio del frío de ese lugar
y no se te congelara el corazón,
pero en unos meses de dejar de vernos
desapareciste poco a poco.
Te regalé un llavero para las llaves del carro,
con una bella frase grabada
y al dártelo tus ojos brillaban
como un par de faros brillantes,
te lo di para recordarte que eres valioso
y como alguien valioso deberías velar por ti,
te lo di con la intención de que te cuides
y al final ni siquiera sé si te estás cuidando, pero sé que
solo descuidaste nuestro amor
hasta que se murió en una noche
bajo la oscuridad sin alumbrado público
en un malecón de Miraflores hace cuatro meses.
Te regalaré un llavero casi infantil,
con un nombre difícil de prronunciar
y que tenía un aspecto divertido,
te lo dí porque al verlo
recordé tu rostro de aquel día en el
que quisiste comprarte uno en el Jockey Plaza
y que yo también quise comprártelo
aunque no te lo dijera,
pero ninguno tenía dinero
en ese preciso momento.
Y este llavero que no esperabas,
es el último regalo,
este último presente con simbolismo
no es una puerta a un te extraño
aunque lo hago a veces,
ni otra súplica de querer volver,
sino un juramento conmigo misma
de soltarte completamente
para que también puedas
crecer a tu propio ritmo,
sin mis tiempos ni presiones.
Hoy mientras metía todo en un sobre
antes de llevarlo a Serpost,
lloré como no lloraba en meses
y aunque si hay dolor de por medio,
era más una sensación de desprenderte
como si al dejar ir esas cosas,
dejara ir lo poco que quedaba de ti.
No sé si usarás esos tres llaveros,
ni siquiera sé si tendrás aun los dos que te di
o si recibirás con alegría o desagrado
este último llavero,
pero más que una expectativa
tengo un sincero deseo
de que esos tres regalos
te acompañen en tu camino
y te hagan sentir la compañía
que quizá alguna vez sentiste conmigo
cuando solías llamarme hogar.
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