Nunca escuché que hablaras bien de tu padre,
ni tú del mio,
pero ninguno hablaba mal de ellos
ni tú del mio,
pero ninguno hablaba mal de ellos
ni les desea algo negativo;
solo eran dos tipos inmaduros
que quizá su única misión fue traernos al mundo,
pero seres como nosotros
no pueden nacer de cualquier idiota.
solo eran dos tipos inmaduros
que quizá su única misión fue traernos al mundo,
pero seres como nosotros
no pueden nacer de cualquier idiota.
Nunca profundizamos tanto en
nuestros temas parentales,
yo nunca te conté con detalle
el lío con el mío
que me hacía caer en el bucle
de sentirme abandonada
una y otra vez,
pero si lo mencioné,
de repente no tanto
como me hubiese gustado.
En tu caso,
el hablar de él
siempre fue breve,
casi nunca lo nombrabas
y si lo hacías,
había un tono irónico en ti,
quizá por eso
nunca me metí más profundo,
peor aún ya que ni siquiera
lo llegué a conocer en persona,
a diferencia de tu mamá,
cuyo linaje
siempre me hizo sentir
como si estuviese en mi hogar.
Mas hoy en medio de pasillos
sombríos de hospital,
conocí una parte de él
que me reconcectó
con mi escritora interior,
con la adolescente que creaba
cuentos y novelas fantásticas,
que escribía muy similar a él,
sencillo y simple,
con intensidad y detalles
lleno de fantasía, historia
y mitología;
además de ello
me permitió volver a leer
casi sin parar por un buen rato.
Nunca he sido de subrayar
frases en los libros,
pero esto que encontré
en la página cincuenta y tres,
es un recordatorio
de lo que ambos debemos hacer
porque es nuestro deber
y destino,
y justo lo escribió tu padre,
quién quizá desconoce aún su destino
pero se deja inspirar
por las grandes enseñanzas
y en su modo intenta inspirar,
él es quien termina su novela
con Jezhid, sintiéndose fenicio
y retornando a su hogar.
Al conocer a tu padre,
también
encontré el origen de
tu ingenio
y creatividad,
tu facilidad con las palabras
y con las historias interesantes,
al conocerlo,
también conocí una parte
de tu historia,
que de reprente
ni siquiera tú conoces bien,
pero siempre es necesario
saber el origen de cada pieza nuestra
por más que nos desagrade.
Hoy descubrí,
o bueno comprobé,
algo que siempre supe,
tu padre es como el mío:
inmaduro y soñador,
que no construye una realidad
pero que tiene
grandes ideas,
por ejemplo
en este libro la descripción histórica
te atrapa desde inicios
y te permite fantasear
con navegar y ser fenicio,
pero también te habla de
las palabras de Sócrates
y el poder de la identidad.
También vi en él,
en este libro, ese deseo
de formar y conectar
ese hilo invisible
entre un padre y un hijo
obviamente ficticio,
donde el retoño es un explorador
y el progenitor un maestro
que lo guía pero teme soltarlo
y finalmente le da libertad;
quizá inconscientemente
él también quería
tener un vincilo así con ustedes,
pero se quedó en ideas
y se plasmó en este libro.
No sé como está tu vínculo con él,
pero el mio va evolucionando
y se siente cada vez mejor,
ahora lo comprendo más
y entiendo que por tres décadas
solo fue un niño
tratando de ser padre,
pero ahora con sorpresa
hasta puedo creer
que parece que estuviese creciendo
poco a poco
y haciéndose al fin,
lo más cercano que puede
de ser una figura paterna.
Aquello que quizá no debería estar aquí
pero que quiero incluir
porque probablemente no tendré
otra oportunidad,
es la idea nunca hablada por nosotros con detalle
sobre los hijos y la familia,
yo sé bien que tu inconsciente
deseaba hablar más de eso
y mencionaba no solo
a esa hija imaginaria
que tú también tuviste en mente,
sino al niño con el que susurrabas entre sueños.
Fueron muchas las veces
en las que dormido los mencionabas
y me dejó con tanta intriga
saber si alguna vez,
si quiera por curiosidad
les diste vida en tu mente,
yo en cambio,
los gesté en mis ideas,
los creé con inteligencia artificial,
vi sus rostros creados
desde fotos nuestras,
me enamoré de ellos,
inventé sus dones e historias,
pero aterricé a la realidad
y maté uno a uno,
a cada mellizo,
también en mi mente
para poderte soltar.
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